Cuando su marido murió, Valerie Spruill fue a la lectura del testamento de su difunto esposo Percy Spruill y se encontró allí con un tío que le contó que el hombre era en verdad su padre.
Sin poder salir del asombro la mujer se hizo un análisis de ADN para ver si lo que le contaron era cierto y efectivamente, el hombre con el que estaba casada desde hacía 60 años era su padre.
Al nacer, a los tres meses de vida, ella había sido abandonada por sus padres y se había criado con sus abuelos. Cada tanto había una mujer que la visitaba, más tarde ella se enteró que era su madre. De su padre nunca había sabido nada. Sus abuelos siempre se habían negado a que ella saliera con un hombre tan mayor como Percy pero nunca mencionaron que fuera su padre.
Ella no sabe todavía si él sabía o no que estaba con su hija y esas dudas la atormentan. Tuvieron juntos 3 hijos y 8 nietos.